Toros
es un artículo del miembro de la RED VASCA ROJA Xabier de Antoñana publicado en DEIA del 28 de agosto de 1999.
Uno se empapa de las crónicas taurinas, antaño y hogaño, torrentes de léxico, imágenes, metáforas, que cualquier tierra es generosa para cosechar y poder manejar el idioma a tus anchas. El lenguaje taurino es una fuente de expresiones que no dudamos en emplear por su belleza o su plasticidad descriptiva. Los idiomas europeos están enfermos, les falta savia y tal pobreza se agudiza a pasos agigantados. Hemos perdido la riqueza lexical de otros tiempos, carecemos de vocabulario, no pasamos de palabros y la subsiguiente blasfemia monda y lironda.
Estábamos hablando de toros. Toros, sí, toros, no. Y surgen tímidos movimientos para luchar contra la matanza taurina, la degeneración de la sensibilidad, la orgía de la bestia contra el espíritu. Grandes autores, poetas, pintores y ensayistas crearon obras maestras con el toro como eje central, pero debemos ir tomando conciencia de que algo no funciona para, poco a poco, explicarle al aficionado que ya está bien de sangre, cuernos y espadachines, lo cual no será difícil, que lo peor reside en el aficionado de puro habano, rito y pito. Gentes que apenas entienden, que no distinguen entre una media cambiada, una revolera, un bajar la mano, un ‘asomarse al balcón’ con los garapullos, una chicuelina ceñida, y no las chicuelinas de un ‘maestro’ que se vieron en el coso de ‘Vista Alegre’ de Bilbao el día 19 de agosto, ¡bailarín sin duende ni templanza!, o un natural, de derecha o de zurda, porque el auténtico natural es el realizado con la derecha y no con la izquierda, como se piensan los aficionados de postín, los de dejarse ver y exhibir su haber en contrabarrera.
Si no corre la sangre, o amagos de sangre, y si, para colmo, no hay faena, salimos desencantados. Grecia ideó sus pacíficos juegos olímpicos, Roma creo el circo salvaje, Euskal Herria imaginó la danza popular y el cantar colectivo, España fomentó las corridas de toros, que lo de Creta es harina de otro costal y lo de Navarra, origen del toro de lidia, una fantasía. Una corrida de toros es la expresión cruenta de secretos inconfesables escondidos en el subconsciente, que la cultura del toro se empeña en extender para que otras culturas se identifiquen y tener una justificación a tal fechoría. En la guerra del 36, una de las formas de ejecución fue estoquear a los prisioneros hasta el descabello y muerte, ¡histórico!.
Y es que ‘lo que no puede ser no puede ser y, además, es imposible’, que dijera Rafael ‘el Gallo’, cuenta la leyenda, ante un toro imposible de matar, digamos degollar. Soñar en que la ‘fiesta taurina’ desaparecerá es eso, un sueño, que son enormes los capazos de millones en juego, pero algo habrá que hacer para reconducirla por otros derroteros menos sangrientos, sin perder su estética. Conseguirlo sería un milagro de Lourdes, que asistir a los toros es el reflejo transparente de la vanidad y el enfrentamiento del fuerte contra el débil, el indefenso. El ‘maestro’ es una casta y representa a esa casta de iguales y poderosos, la cual se identifica con él y su obra: el acoso y derribo del débil, quien necesita la lucha de la vida y la muerte en el albero para acallar sus desventuras durante dos horas. La corrida de toros es la inteligencia redonda puesta del revés y el matador, tieso y solo en el platillo, es el único que sabe qué quiere y a dónde va.
Y a eso vamos: Produce muy mal efecto intentar combatir sin el debido decoro los festejos taurinos, plantarse en los aledaños de la plaza de Iruñea este pasado ‘San Fermín’ y responder a los insultos de los asistentes al espectáculo. Si estos señores, los del "puro, rito y pito", llegan al tendido de sombra de punta en blanco, los ‘antitaurinos’ deben ir impecables en su vestimenta, repartir octavillas y pegar pasquines de protesta con educación, sin algaradas, igual que ellos, tal que ellos, y entender de toros mucho más. Y así se ganarán la comprensión de los aficionados empedernidos, quienes de toros entienden un rato, porque quien alardee de entender a fondo se delata a sí mismo en dos palabras, es dificilísimo, nunca se consigue, que incluso el comportamiento del bicho es distinto en cada suerte y te equivocas a la primera de cambio. Sólo el aficionado de verdad nos merece un gran respeto, entiende y mucho, pero son escasos y nunca alardean de su saber. Muy pocos espectadores diferencian, por ejemplo, un quite ‘por navarras’, del compatriota Jaime Noain, una ‘gaonera’, del mejicano Gaona, y un ‘delantal’, o algo tan simple como la ‘suerte contraria’ y la ‘suerte natural’. ¡Quién lee, al día siguiente, la crónica taurina!. Pues, eso.